Severance: El reloj, las noticias, y las máquinas

Por Luciana Bedini

 

The surest way to tame a prisoner is let him believe he’s free
La mejor forma de domesticar a un prisionero es hacerle creer que es libre

Severance (Separación) es una serie de Apple TV, dirigida por Ben Stiller, que consta de nueve capítulos. Podríamos ubicarla dentro de la temática de las distopías, que se basan en la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.
Aquí la alienación tiene que ver con la concepción del trabajo.

Mark (Adam Scott) sufrió hace poco el fallecimiento de su esposa, y desde entonces sus días se reducen a ir a trabajar y volver a su casa para relajarse en el sillón viendo televisión y tomando alcohol hasta quedarse dormido.

Severance significa ruptura o separación. Aquí remite a la materialización de un deseo latente
en nuestra sociedad, reflejado en el discurso de los personajes, de disociar la vida personal de la laboral. En este caso, la separación no es una conspiración de un gobierno pseudo totalitario, despótico, sino una intervención en el cerebro llevada adelante por Lumon – la compañía donde transcurre la vida de los innies- a la que los personajes se someten voluntariamente. Así, cuando están allí, olvidan quiénes son fuera, y cuando vuelven a sus casas, olvidan qué sucede en el trabajo.

Poco a poco empieza a brotar en Mark y en algunos de sus compañeros de trabajo la sensación de que algo anda mal. Por fuera de Lumon se está gestando un debate enérgico entre quienes cuestionan esta escisión y quienes apoyan que suceda. Los primeros sostienen que es más fácil no saber qué pasa dentro del trabajo, entienden que se trata de una decisión personal en la que nadie se puede entrometer, una visión individualista que no toma en consideración el aspecto social del fenómeno. Sin embargo, esa libertad de decisión no le pertenece a los innies. La escisión dentro de la misma persona entre su innie y su outtie representa un conflicto en el caso de Helly, cuando su innie quiere renunciar y se lo pide a su outtie mediante un video, pero ella se niega.

Si tenemos en cuenta que la distopía consiste en mostrar mecanismos, costumbres, ideas que ya existen en nuestra sociedad actual, aquí es llevada al extremo la lógica de la productividad y el individualismo presente en lo que Mark Fisher llama “realismo capitalista”, vinculado a la idea de disciplina propuesta por Foucault.

“El capitalismo es lo que queda en pie cuando las creencias colapsan en el nivel de la elaboración ritual o simbólica, dejando como resto solamente al consumidor-espectador que camina a tientas entre reliquias y ruinas”, dice Fisher.
Esta situación se ve reflejada en varios componentes de la serie, empezando por la frialdad y la hostilidad de los escenarios principales, que terminan convirtiéndose en no lugares, espacios de tránsito. La ciudad está cubierta por nieve constantemente, de manera que los espacios públicos están desérticos, no hay gente caminando por las veredas, y si los personajes van a un parque o a una plaza no suele haber otras personas. A su vez, Lumon es una compañía enorme, en el medio de la nada -sensación reforzada por el recurso del gran plano general- y su interior está constantemente iluminado con luces frías muy brillantes, con pasillos blancos que separan tan eficientemente a los diferentes sectores de trabajo que ni los personajes saben donde están, un desafío al que se enfrentan a lo largo de la serie.
Para explicar aspectos del realismo capitalista- la idea difundida de que el capitalismo es el único sistema económico viable y que es imposible imaginarse una alternativa- Fisher analiza componentes de Children of men. Como el filósofo observa en la película, en Severance uno de los elementos significativos es la transformación de la cultura en piezas de museo en nuestra vida real. En Lumon, las pinturas son reducidas a su función de decoración, o se amontonan en el departamento de Óptica y Diseño, al que solo sus empleados deberían acceder. Siendo así despojadas de su contexto y de su función política.


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Foucault define la disciplina como una tecnología de poder que busca ordenar las multiplicidades, cuyo centro de interés es crear un cuerpo útil económicamente y dócil políticamente. la intervención del cerebro para obtener el máximo de rendimiento laboral, prohibiendo pensamientos externos a esta tarea, muestra qué sucede cuando el disciplinamiento del cuerpo es llevado al extremo.
Foucault explica que la disciplina procede a la distribución de los individuos en el espacio, ordenando a una multiplicidad en principio dispersa; y para lograrlo, emplea diversas técnicas. Aquí nos centraremos en la diagramación del espacio, que en la serie adquiere excepcional protagonismo. Entre estas técnicas, menciona la clausura: la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo; aunque aclara que los aparatos disciplinarios trabajan el espacio de manera más flexible, a lo cual contribuye la división en zonas- a cada individuo, su lugar, y viceversa-; los emplazamientos funcionales, lugares que responden a la necesidad de vigilar, de romper comunicaciones peligrosas, y de crear un espacio útil; y el establecimiento de rangos.
Cuando los personajes caminan por los pasillos de Lumon, la cámara los sigue, gira en las esquinas, y progresivamente sentimos que están en un laberinto. De hecho lo están, porque para poder saber lo que sucede en otros departamentos deben emprender una tarea conjunta para sortear los sistemas de vigilancia y dibujar en una pequeña hoja cómo creen que es el lugar, y el mapa resultante siempre se asemeja a un laberinto.
El espacio de trabajo conjunto brinda la sensación de vacío, asistimos a un lugar organizado únicamente para ser útil, perfectamente ordenado y pulcro: cuatro escritorios separados por una pared removible que bajan para hablar y la vuelven a subir. Mientras están allí, su actividad es controlada por cámaras y por Milchick, el supervisor que informa todo lo que sucede a Cobel, la severa gerente.

Mark, Helly, Dylan e Irving son empleados de la división de Refinamiento de macrodatos, no se mezclan casi nunca con empleados de otras divisiones, y si lo hacen es motivo de sanciones.
Foucault explica lo que tiene de productivo el poder disciplinario y menciona el sistema gratificación-sanción, que consiste en calificar según bien/mal o buenas/malas personas, muy presente en este entorno cuando los empleados son llevados a la «sala de descanso» como castigo por infringir la norma, y allí deben repetir hasta el cansancio una frase preestablecida sobre su arrepentimiento. La disciplina busca corregir también el alma, y en esa sala hay un dispositivo que califica si ese arrepentimiento es genuino o falso. Además de decirlo, deben sentirlo. En cuanto a la gratificación, cada tanto asistimos a algunos festejos cuando los empleados alcanzan buenos resultados, pero son también incentivados por Milchick.

En tiempos donde la aguja del reloj parece girar más rápido, donde las noticias de todo el mundo están a un click de distancia, donde las máquinas parecen opacar nuestras habilidades humanas, donde el trabajo muchas veces está disociado de la vida personal, Severance parece decirnos que es posible poner un corte, una pausa, dejar en manos de otro nuestro poder de decisión, para así soltarnos de todo eso que estorba, del reloj, las noticias, las máquinas. Pero, ¿qué pasa cuando decidimos no decidir?

Luciana Bedini

Estudiante de Comunicación Social – UNR

Le gusta el cine, la literatura y la filosofía.