La pregunta por la humanidad
Por Ari Piccioni
La ciencia ficción contemporánea ha convertido a la tecnología en una herramienta para explorar interrogantes filosóficos que acompañan a la humanidad desde hace siglos. Humans, Westworld, Altered Carbon, Years and Years, Futuro desierto y el episodio Be Right Back de Black Mirror construyen relatos atravesados por una misma preocupación: la posibilidad de que los avances tecnológicos transformen la definición misma de lo humano. Lejos de concentrarse exclusivamente en dispositivos, algoritmos o sistemas informáticos, estas producciones sitúan en el centro del conflicto cuestiones relacionadas con la conciencia, la memoria, la identidad, el libre albedrío y la experiencia subjetiva.
La condición humana aparece sometida a un proceso constante de cuestionamiento. Tradicionalmente, la humanidad fue asociada a características biológicas específicas, a la posesión de un cuerpo orgánico y a determinadas capacidades cognitivas. Estas ficciones desplazan el eje de esa definición y sugieren que la humanidad podría encontrarse en otros aspectos vinculados con la experiencia consciente. La capacidad de sentir, recordar, sufrir, imaginar y construir vínculos adquiere una relevancia superior a la composición física de los individuos. Como consecuencia, la frontera entre seres humanos y entidades artificiales comienza a volverse inestable.
La inquietud por construir seres artificiales capaces de alcanzar una condición plenamente humana antecede ampliamente al desarrollo de las tecnologías digitales de hoy en día. Numerosos relatos han explorado ese deseo desde perspectivas diferentes. El caso más emblemático es el de Pinocho, personaje que anhela abandonar su condición de muñeco para volverse un niño real. Esa aspiración vuelve en las series de los últimos 15 años. Los synths de Humans, los anfitriones de Westworld y las inteligencias artificiales presentes en distintos universos de ficción no buscan únicamente desarrollar capacidades intelectuales avanzadas. La conciencia de sí mismos los conduce a formular preguntas sobre su lugar en el mundo, sus emociones y su derecho a decidir sobre sus propias vidas. El deseo de ser humano no está asociado exclusivamente a la posesión de un cuerpo biológico y pasa a relacionarse con la posibilidad de experimentar afectos, construir recuerdos y ejercer la libertad.
Humans desarrolla esta problemática a través de los synths, robots diseñados para asistir a las personas en tareas domésticas y laborales. La aparición de un grupo de androides dotados de conciencia introduce una ruptura en el orden social existente. La preocupación central deja de ser tecnológica y pasa a ser ética. La pregunta ya no consiste en determinar qué pueden hacer estas máquinas sino qué derechos deberían poseer. La adquisición de conciencia hace a los synths sujetos capaces de formular deseos, establecer relaciones afectivas y construir una percepción propia del mundo.
Westworld lleva esta reflexión hacia un terreno aún más complejo. Los anfitriones del parque temático habitan una realidad diseñada para satisfacer los deseos de visitantes humanos. Sus vidas se encuentran determinadas por narrativas programadas que se repiten indefinidamente en loop. El despertar supone el reconocimiento de esa condición de sometimiento. La serie establece un vínculo directo entre conciencia y libertad. Los personajes comienzan a percibirse como individuos cuando logran reconocer las estructuras que condicionan sus acciones y desarrollan la voluntad de actuar contra ellas.
La cuestión del libre albedrío constituye uno de los ejes más significativos de estas historias. Los anfitriones de Westworld descubren que gran parte de sus decisiones responden a instrucciones preestablecidas. La situación plantea una pregunta que trasciende a los personajes artificiales: ¿hasta qué punto los seres humanos también actúan condicionados por factores que escapan a su control? La serie transforma una inquietud tecnológica en una reflexión filosófica sobre la autonomía individual y la posibilidad de elegir libremente.
Humans también explora esta tensión. Los synths que se rebelan intentan definir su propio destino dentro de una sociedad que continúa considerándolos herramientas. La lucha por la autonomía adopta formas diversas: algunos buscan integrarse al mundo humano mientras que otros aspiran a construir comunidades propias. La libertad se asocia a la capacidad de decidir quién se desea ser, incluso cuando esa decisión contradice las expectativas impuestas por el entorno.
Si miramos Altered Carbon se rompe esta lógica, ya que introduce una dimensión diferente al debate. La transferencia digital de la mente permite que una misma persona habite distintos cuerpos a lo largo del tiempo. Esta innovación altera profundamente la relación entre identidad y corporalidad. El cuerpo ya no es soporte exclusivo de la existencia individual. La conciencia se transforma en información almacenable, transportable y reproducible. El relato cuestiona así una de las bases tradicionales de la experiencia humana: la unidad entre cuerpo, memoria e identidad.
Al igual que los transhumanos de Years and Years, el cuerpo ya no es lo más importante. Los individuos conservan sus recuerdos a través de las denominadas pilas corticales, dispositivos capaces de preservar todo lo que se es incluso después de la muerte física. La continuidad de la identidad depende entonces de la conservación de los recuerdos. La persona está donde el núcleo del sujeto reside, en la memoria acumulada a lo largo de la vida. La experiencia humana se define por aquello que se recuerda y por la manera en que esos recuerdos organizan la percepción del presente.
Westworld también transforma a la memoria en el mecanismo fundamental para el surgimiento del despertar de los androides. Los “recuerdos” reprimidos comienzan a emerger en la mente de los anfitriones y generan una ruptura con los relatos impuestos por sus programadores. La memoria funciona como una forma de resistencia frente al control. Recordar implica recuperar experiencias negadas y reconstruir una identidad propia. El acceso al pasado se transforma en una condición necesaria para alcanzar la autonomía.
En Humans, la memoria cumple una función similar. Los synths construyen una historia compartida que les permite reconocerse como una comunidad diferenciada. Los recuerdos individuales se integran en una memoria colectiva capaz de fortalecer los vínculos entre ellos. La conciencia no es un fenómeno aislado sino una experiencia que adquiere significado a través de las relaciones con otros sujetos.
El episodio Be Right Back de Black Mirror ofrece una perspectiva particularmente inquietante sobre estas cuestiones. La historia presenta una tecnología capaz de reconstruir digitalmente la personalidad de una persona fallecida mediante el análisis de su actividad en redes sociales y plataformas digitales. La recreación resultante posee acceso a recuerdos, conversaciones y patrones de comportamiento. Aun así, la experiencia evidencia una diferencia fundamental entre la acumulación de datos y la existencia real. La copia reproduce información sobre el individuo pero no logra capturar plenamente la complejidad de su subjetividad.
La propuesta plantea interrogantes acerca de la relación entre memoria y presencia. La conservación digital de rastros biográficos permite recrear una apariencia de continuidad. La ausencia de una experiencia vivida vuelve esa reconstrucción en algo distinto de la persona original. El episodio examina los límites de la tecnología para reproducir aquello que constituye la singularidad humana y sugiere que la identidad no puede reducirse únicamente a un conjunto de datos almacenados en la nube.
Years and Years desplaza estas preocupaciones hacia un futuro cercano donde las transformaciones tecnológicas se integran gradualmente en la vida cotidiana. La serie observa cómo las innovaciones digitales modifican las relaciones familiares, las prácticas políticas y la construcción de la identidad. Los avances tecnológicos dejan de ser elementos extraordinarios para ser componentes normales de la existencia social. Esta proximidad temporal intensifica el impacto de los interrogantes planteados ya que los conflictos representados parecen extensiones plausibles de tendencias contemporáneas.
Uno de los personajes expresa el deseo de abandonar las limitaciones biológicas para convertirse en una entidad digital. Esta aspiración sintetiza varias de las preocupaciones que rodean la pregunta por la humanidad. La posibilidad de trascender el cuerpo plantea preguntas sobre aquello que se conservaría de la condición humana en un entorno completamente virtual. La conciencia, la memoria y la identidad son entonces conceptos fundamentales para evaluar las consecuencias de esa transformación.
Futuro desierto por su parte y, desde una óptica de producción latinoamericana, comparte una mirada crítica sobre los procesos de automatización y virtualización de la experiencia. El desarrollo tecnológico se vincula a nuevas formas de dependencia, vigilancia y reorganización social. Las innovaciones modifican las maneras de trabajar, comunicarse y relacionarse con el entorno. La tecnología adquiere un papel activo en la configuración de la subjetividad contemporánea, nunca una herramienta neutral. El futuro representado no se encuentra dominado por máquinas rebeldes ni por catástrofes espectaculares. La preocupación principal gira alrededor de las transformaciones silenciosas que modifican progresivamente la experiencia del día a día.
El conjunto de estas narrativas configura una reflexión amplia sobre el significado de ser humano en un contexto de transformación tecnológica permanente. La conciencia emerge como la capacidad de reconocerse a sí mismo como sujeto. La memoria actúa como el elemento que otorga continuidad a la identidad. El libre albedrío aparece asociado a la posibilidad de actuar más allá de condicionamientos externos. El deseo de volverse humano, presente desde el ya mencionado Pinocho hasta las ficciones tecnológicas descritas, evidencia la persistencia de una pregunta fundamental acerca de aquello que define nuestra existencia. La condición humana deja de identificarse exclusivamente con la biología y se vincula con experiencias relacionadas con el pensamiento, el recuerdo, la autonomía, la empatía y la construcción de sentido.
Desde perspectivas diferentes, todas estas obras coinciden en señalar que los desafíos tecnológicos del futuro obligarán a replantear preguntas fundamentales acerca de quiénes somos y qué características resultan indispensables para seguir considerándonos humanos.
Ari Piccioni
Licenciada en Comunicación Social. Docente en Comunicación Visual Gráfica I (UNR). Amante de las series nórdicas y con zombies.