Encontrar el norte

Por Ari Piccioni

 

Ficha técnica: El camino estrecho al norte profundo. Origen: Australia. Creadores:  Justin Kurzel y Shaun Grant. Actores: Jacob Elordi, Ciarán Hinds, Olivia DeJonge, Heather Mitchell, Odessa Young, Mostrar Kasamatsu, Simón Baker, Essie Davis, Dan Wyllie.

La narración de El camino estrecho al norte profundo se sostiene en un movimiento constante entre dos etapas de la vida del protagonista, Dorrigo Evans (Jacob Elordi), de modo que cada aparición del pasado altera la percepción del presente y cada escena presente reordena lo que se cree comprender del cautiverio. 

 

Este procedimiento crea un sistema de vaivenes donde la experiencia traumática interrumpe la temporalidad lineal y configura una memoria que nunca se estabiliza. El relato avanza mediante una circulación continua entre ambos momentos, como si la vejez fuera un territorio donde las imágenes de la selva se deslizan sin aviso, fragmentando la rutina y convocando escenas que se creían sepultadas.

 

El vínculo entre esos dos tiempos se plantea más que como un regreso explicativo al origen como una convivencia inevitable entre lo vivido y lo que aún late décadas después. Las jornadas del campo de prisioneros surgen asociadas a gestos actuales, a inflexiones en la voz, a silencios sostenidos o a encuentros cotidianos que desencadenan recuerdos. La serie construye así una narrativa marcada por la superposición: ninguna escena del presente se desprende del pasado y ningún episodio del cautiverio queda fijo en su época, porque todo retorna según la lógica irregular de una memoria afectada por la violencia.

Cada desplazamiento temporal produce una lectura distinta del protagonista. Las escenas de juventud lo muestran inmerso en el trabajo forzado, tratando de mantener algún tipo de cohesión entre compañeros. El presente revela la permanencia de un cuerpo que conserva la huella de aquellas tareas. La narración no subraya esa continuidad, la deja actuar como un hilo que atraviesa toda la historia y que se percibe cuando un gesto cotidiano repite un movimiento aprendido en el cautiverio. La vida adulta aparece moldeada por esa etapa anterior sin necesidad de explicitarlo a cada momento.

 

El relato entreteje también la dimensión íntima del personaje con ese doble tiempo. La relación con Amy (Odessa Young) se presenta primero desde los encuentros breves que interrumpen el ritmo diario y luego vuelve como un recuerdo que reorganiza la lectura del trayecto vital. En la vejez, ese vínculo resurge como un punto que altera la manera en que el protagonista se relaciona con quienes lo rodean en el presente. No existe una contraposición entre dos amores o dos etapas, es la persistencia de una experiencia que no queda contenida en su momento original y continúa actuando mucho después.

La dinámica entre compañeros de cautiverio se inscribe en esta misma lógica temporal. Los intercambios, discusiones y acuerdos que se forman bajo condiciones extremas reaparecen en la memoria del protagonista, cuando revive escenas aisladas en forma de momentos que condicionaron sus decisiones posteriores. El relato los organiza construyendo fragmentos que mantienen su fuerza incluso en la distancia.

 

Los oficiales japoneses irrumpen igualmente desde esta estructura de dos tiempos. Las acciones en el ferrocarril se superponen con sus vidas décadas después, cuando algunos intentan comprender lo que significó su participación en ese régimen de violencia. El cruce entre ambos momentos crea una tensión entre la memoria de quienes fueron prisioneros y la memoria de quienes dirigieron el trabajo, instalando un espacio donde las vivencias individuales se interponen y buscan algún tipo de coherencia con el pasado. Ese cruce temporal evita la fijación de roles rígidos y deja actuar la complejidad histórica.

 

El prestigio público de Rodrigo Evans aparece enmarcado en esta misma trama temporal. Los discursos, entrevistas y homenajes funcionan como superficies que conviven con irrupciones repentinas del pasado. La narración permite observar cómo la memoria fragmentada interfiere incluso en instancias donde se espera control y distancia. Las escenas del presente incorporan estas interrupciones sin marcarlas como anomalías, integrándolas en el modo en que el personaje habita su propia biografía.

 

La memoria se despliega mediante retornos que no siempre guardan relación directa con lo que precede. Un sonido, una frase o un gesto basta para desencadenar escenas del cautiverio y esa dinámica no responde a un orden progresivo. El relato utiliza esa falta de linealidad para transmitir cómo el pasado continúa activo y adoptando formas diversas que se filtran en la vida actual. La historia se organiza más allá de la reconstrucción del trauma para consolidarse como experiencia que sigue presente y que desarma cualquier intento de clausura temporal.

 

La miniserie elabora una continuidad entre esos planos temporales que termina por borrar la distancia entre ellos. El cautiverio y la vejez no aparecen como etapas separadas, son dos caras de una misma moneda, dos  momentos que conviven en la misma superficie. Esta coexistencia deja que el pasado irrumpa en el presente y que el presente reconfigure el pasado, sin que ninguno de los dos se imponga como explicación del otro. De esa superposición surge la forma particular del relato que transcurre siempre en dos tiempos al mismo tiempo.

Ari Piccioni

Licenciada en Comunicación Social. Docente en Comunicación Visual Gráfica I (UNR).  Amante de las series nórdicas y con zombies.