Desde otra perspectiva

Por Denise Carbajo

 

Kevin y Allison llevan casados diez años. Viven en una casa que les queda chica en un barrio caído abajo. Los amigos se pasan el día en la casa, divirtiéndose con Kevin, y siendo tolerados por Allison, a la que continuamente recuerdan que no es graciosa cuando intenta formar parte de la conversación. Cada vez que Kevin está en escena, que nos quedamos en su perspectiva, todo es una típica sitcom: una cámara fija, risas enlatadas, colores brillantes. 

En Kevin can f*ck himself, el quiebre ocurre cuando la focalización cambia a Allison. Los colores se apagan, la cámara se vuelve dinámica, y los únicos ruidos son los del diálogo. 

Sola, en una cocina oscura, Allison rompe un vaso de la frustración. Responde que está bien a una pregunta que nadie le hizo. El único lugar donde se permite ser ella es fuera de la habitación que Kevin invade.

Más allá de la fantasía de comedia en la que Kevin parece vivir, hay una realidad que se empieza a conocer de a poco. Allison se siente atrapada en el espacio doméstico donde transcurre la sitcom, y es afuera donde la conocemos de verdad: su trabajo, sus vínculos, lo que le gusta, cosas en las que su marido nunca repara. La infelicidad de Allison está en su matrimonio, el destrato de Kevin que pasa como chiste, la carga que conlleva esta mujer al ser la única que trabaja de verdad. 

 

El cambio de perspectivas se representa como un cambio de género ficcional. Aunque siga siendo una serie de comedia, los aspectos dramáticos de la perspectiva de Allison no tienen lugar en la sitcom donde Kevin es el único protagonista. La serie se aprovecha de las convenciones de los géneros para generar rupturas narrativas a un nivel más profundo, que van desde argumentos que referencian a otras series hasta el cambio brusco de colores cuando se pasa de un género a otro. La narrativa metaficcional se aprovecha de las competencias en reconocimiento del espectador para marcar un cambio de perspectiva tajante, mostrando la realidad de lo que ocurre por fuera de la fantasía, a la vez que propone a un narrador poco confiable. 

La ruptura definitiva en la pareja se da al final del primer episodio. Kevin quiere comprar una camiseta de fútbol histórica, y la oposición de Allison es vista como un desinterés por las pasiones de su marido. Desde la mirada de Allison, entendemos que la negación se debe a que quiere ahorrar para una nueva casa. Al final, Kevin compra la camiseta, revelando a su vez que todos los ahorros que tenían fueron gastados por él a lo largo de los años, dejándola sin nada. Con su actitud relajada y humorística, Kevin podía caer bien a todos, pero para ella, la principal afectada por sus decisiones y desinterés constante, se convirtió en la persona que le arruinó la vida. 

Fuera de la casa, Allison encuentra una aliada en Patti, hermana del mejor amigo de Kevin, quien tiene su propia realidad: problemas de venta de drogas en el trabajo, una relación cada vez más distante con su marido, un hartazgo por la forma en que la siguen tratando. 

 

Más allá de la historia que cuenta, Kevin can f*ck himself propone un diálogo con otras series del género. Según su creadora, Valerie Armstrong, el objetivo no era atacar el formato sitcom, sino crear una buena sitcom. No solo lo logra, sino que cuestiona al género constantemente, describiendo la forma en que muchas veces las mujeres, especialmente las que ocupan el lugar de esposas de los protagonistas, son representadas: serias, controladoras, que no dejan al hombre divertirse y disfrutar con los amigos. En Modern Family,  Claire es caracterizada como demasiado controladora y obsesiva. En Marrie with children, la mujer es molesta y se preocupa excesivamente, en contraposición a un hombre que solo quiere relajarse. Kevin can f*ck himself cambia el enfoque y muestra los dos lados: un marido descuidado, irresponsable, al que no le importan realmente los sentimientos de su pareja, y solo busca lo que le beneficie. Sabiendo  lo atrapada y despreciada que Allison se siente, los chistes que en otra serie podrían pasar como inocentes o propios del género caen pesados y se vuelven imposibles de disfrutar. 

 

La serie, resaltando una focalización en ambos personajes produce un cambio de género y permite pensar más allá de la historia que cuenta. Si se aplicara esta ruptura a otras comedias ya existentes ¿qué dirían las mujeres por fuera de esa perspectiva masculina?

Denise Carbajo

Licenciada en Comunicación Social – UNR

Fan de las animaciones